¡Qué desdicha señor para aquel que
no habla con su corazón! ¿Yo? Soy yo acaso? ¿Soy yo quien no puede expresar sus
más profundos sentires? Dame Señor la luz que necesito en este día para ser tu
mensajera, y que sean tus palabras las que se escriben a través de mis manos,
pues no resisto guardarte sólo para mí, se me hace indispensable compartirte Señor.
Permíteme compartirte en este idioma que usa letras, y formas, y que parece tan
limitado y trivial a veces. Permíteme compartirte aquí, aunque sea un poco,
para poder liberarme cuando los otros caminos no están disponibles, cuando no
hay lugar para un canto o una caricia. Permíteme expresarte a través de estas
simples letras… simples, que forman palabras simples, que intentan acercarse
aunque sea un poco más a ti.
¿Quién soy yo para hablar de soledad e idolatría Señor?
-¿De qué soledad me hablas hijo? La soledad es aquello que nos
rememora nuestra esencia, no hay soledad, solo recuerdo.
-¿Y qué acaso con la idolatría?
-Pues idolatra quien no recuerda.
-Tú ¿Qué me dices tú acerca del futuro y el vientre? ¿No son
acaso lo mismo?
-Los vientres son como mareas, rojas mareas que inundan campos
fértiles, que bañan de amor y de vida a quien sabe recibirlos, pues son fuentes
para quienes saben beber de ellos. En el vientre se cobija la esperanza y la
semilla de que el futuro se creará, de que es creado y que es creación. El
vientre crea, crea futuro, aunque no exista, aunque no haya razones para creer
que existe y aunque la masa de vida no pueda con él, porque el reino es de aquellos
que alimentan vientres, ésa es la verdad.
Resístete a creer que todo está
acabado, pues nada existió, ni existe, ni existirá. Resístete a creer, pues el
mundo es un eterno ir y venir, la vida es una espiral sin tiempo ni lugar.
Leer sin los ojos. Sentir.
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