Me duele la panza, y el corazón. Me
duele el corazón que tengo en la panza. Me duele por no saber como remediarlo,
y porque no puedo ponerlo en acción.
Ayer me detuve a leer por un instante
algunos párrafos de “Libro del desasosiego”, de Fernando Pessoa, unos
párrafos nada más, porque no quería contagiarme de su estilo para mi escritura.
Me da miedo entrar en una forma o estética que no sean mías, quiero ser
original, y por eso tiendo a alejarme de la lectura. Me parece que cuando leo a
otros autores pierdo la fidelidad hacia mi misma. Cosa que ningún sentido
tiene, pero que aún así llega y se siente como algo que podría llegar a pasar.
Entonces me privo de muchas lecturas, por eso y porque me da miedo disfrutar de
lo que los otros hacen, y porque si es bueno me siento pequeña y carente de
valor. ¿Cómo compararme con Fernando Pessoa? Eso es subirme a unos zapatos con
los que seguramente nunca podré caminar, y no sólo por ser Fernando Pessoa, mas
también porque ninguno de los escritores o escritoras que pueda llegar a leer
son yo. Igual suelo compadecerme de mi misma, pendular entre la total
desvalorización y el anhelo proyectado en grandes figuras como la de él, a
quien profundamente admiro a pesar de no haber profundizado en su obra, y a
pesar de nunca haber leído un libro suyo entero. Quizás sea por el nombre,
quizás por el apellido, quizás sea por su imagen, o quizás por lo poco que he
leído. Con todo, ir a una librería me anima a escribir, pero también me
desanima. Las estanterías llenas de libros quietos que nadie compra. Años de
libros quietos y hasta polvorientos. Manos que agarran y ojos que leen cada
tanto, y vuelta a la estantería. Me gustaría poder entender lo que siento,
además del pavor de seguir infinitamente escribiendo y que mis obras no sean
leídas más que por dos o tres hermanos. La expectativa sobre lo que sucederá es
lo que me limita. Aunque haya decidido publicar de maneras alternas, siempre
subyace alguna clase de miedo o de resistencia, la posibilidad de que a nadie
le conmueva lo que expreso. Entonces, la vuelta a la cordura con la pregunta
¿para quién estoy escribiendo? Aparentemente para los demás. Quisiera escribir
sin que nada de todo esto me importara.
Ph Fernando Pessoa. Libro del desasosiego

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