Y no puedo más que pensar en el aroma
que siento, mientras intento concentrarme en la sensación de mi mejilla sobre
tu vello. Pero la llama viene desde otro lugar. Un fuego se agiganta, mientras
las palabras intentan desarrollar alguna jugada, digna de ser leída, y a la vez
programada. Buscando recetas y recuerdos para describir lo que contemplo,
viajando a antiguos tiempos y antiguos espacios, a palabras ajenas, ajenas a mí
y a vos, y a este momento. Se me revuelve el corazón, mientras intento ser lo
más precisa que puedo, y mientras sigo buscando, aún a sabiendas de que nada
encontraré en esos recuerdos, nada que sea como el instante en el que te
contemplo, libre de pasados y de esperanzas. Tus rodillas no pueden mentir, así
como tampoco miente tu mirada, que me dice lo mismo que estoy viendo, lo mismo
con lo que siempre me encuentro: el anhelo por existir en un silencio que se me
escapa, y el intento por ser feliz más allá de las circunstancias.
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