Me sentía culpable por quedarme en la cama y no hacer nada, por no tener
ganas de salir, ni de moverme. Me sentía culpable por permitirme el descanso, y
la pereza. Me sentía culpable por no estar haciendo todas las cosas que se me
venían a la mente, y que me hubiera gustado concretar. Me sentía culpable por
no salir del letargo. Me sentía culpable por no poder responder a la pregunta
de ¿qué estás haciendo?
Me sentía culpable por no poder definirme, por no poder etiquetarme, por
no poder encarar mi vida de la manera más “eficiente”.
Me sentía culpable por no estar avanzando hacia el logro de mis metas,
hacia el trabajo por cumplir mis sueños.
Me sentía culpable por creer que no me merecía nada de todo lo que
tengo, por pensar que no le estaba dando nada al mundo. Me sentía culpable.
Me sentía culpable por no tener más ganas de escribir, y por querer huir
de la verdad que tengo adentro, por el miedo infinito de encontrarme, por el
miedo a renunciar a todo lo que alguna vez creí que fui. Me sentía culpable por
no querer hacerlo, y por querer aferrarme a una imagen creada de mí misma. Me
sentía culpable por no querer abandonar mi ego, y por no enfocar mi energía en
hacerlo. Me sentía culpable por tantas cosas que ya ni recuerdo.
Me sentía culpable por no ser la hija perfecta, por no poder decirle a
mi padre lo que pienso.
Me sentía culpable por no poder compartir lo que escribo, y por no tener
ganas de hacer las cosas para las que me comprometí, y por no tener dinero, y
por no tener anhelos de evolucionar, por querer quedarme en el mismo lugar.
Me sentía culpable por no utilizar todas las herramientas de crecimiento,
y por ver que todo parece una mierda, y sentirlo. Me sentía culpable por estar
sintiendo que mi vida era una cagada y no mejorarla.
¿Quién maneja los vagones del tren? La locomotora siempre va para
adelante.
Y me sentía culpable por sentirme incapaz de ser yo misma, y me sentía
culpable por no serlo, y por pensar que yo misma soy distinta. Querer ser yo
parece uno de los dilemas mas grandes que siento, querer ser quien soy, aun sin
saberlo, y aun sin quererlo, y aun pensando miles de teorías y tratando de
racionalizar el entendimiento. Intentando ser quien soy. Desesperación
infinita. Y tomarme las cosas con calma no me interesa por momentos. Y quiero
gritar, y salir corriendo sin mover ni un pelo, y saber que siempre está todo
adentro, y que no la estoy pasando mal por designio ajeno, y que mi bienestar
tampoco depende de lo externo. Y que no tener casa no me hace mejor ni peor
persona, y que no tener rumbo definido no es malo ni bueno.
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