Puedo compartir lo que he aprendido hasta ahora


¿Cuáles son los roles o los personajes con los que me he identificado? ¿Quién me creo que soy? O, ¿cómo me creo que soy? Porque parece que sólo soy lo que me creo que estoy siendo, mas en realidad es sólo una pequeña migaja en todo el pan de la percepción, o eso está pareciendo.

Barbara la bondadosa, la que hace el bien, la que es buena, la que ayuda a los que la necesitan, la que no ayuda a los que la necesitan, la que es necesitada por los demás, la que no se ayuda a sí misma, la que no se cuida, la que no puede hacerse cargo de sus problemas, la que cree en la magia, la que cree que todo es una mentira, la enojada, la alegre, la sabia, la más sabia que el resto, la que tiene todas las respuestas, la que no sabe nada, la fuerte, la indefensa, la que tiene todo para dar, la que no quiere dar nada, la que no gusta de limpiar, ni de cocinar, la que puede adelgazar, la que no puede adelgazar, la que engorda, la que adelgaza, la que ayuna, la que come, la que se limpia, la que se ensucia, la que se siente sana, la que saluda, la que no saluda, la que juzga, la que acepta, la constipada, la que se cree mejor, la que se cree peor, la que no sabe qué hacer con su vida, la que la tiene clara, la que desea, la iluminada, la desconfiada, la que espera, la que cree en el azar, la que habla con los ángeles, la que pide guía y orientación, la que no pide nada, la que puede pedir, la que no puede pedir, la que sabe recibir, la que no sabe recibir, la que se cansó de la vida, la que no quiere saber nada, la que quiere que el mundo desaparezca, la que quiere las cosas que quiere, la que no sabe lo que quiere, la que medita, la que no medita, la indisciplinada, la rebelde, la que obedece, la que ordena, la que no le importa el desorden, la que no le importa nada, la que se ríe de las desgracias ajenas, la que no sabe qué hacer con la risa, la que se oculta en la risa, la que se oculta en el llanto, la que se identifica con lo que le pasa, la que se cree sus pensamientos, la que puede observarlos, la ecuánime, la compasiva, la que escribe, la que canta, la que toca la guitarra, la que improvisa, la valiente, la que se asusta, la que envidia, la que compite, la que confía, la que abraza, la que quiere abrazar, la que no quiere abrazar, la que imagina, la que fantasea, la que se trae a la realidad, la que juega, la que mira, la que se aburre, la que se divierte, la celosa, la frustrada, la talentosa, la inteligente, la que se frustra, la que tiene paciencia, la impaciente, la indecisa, la decidida, la que tiene miedo a decidir, la que decidió pero no se anima, la que hace, la que descansa, la perezosa, la activa, la negadora, la reprimida, la aceptadora, la incapaz de perdonar, la renegada, la expresiva, la académica, la letrada, la que se rinde, la que suelta, la que controla, la que se piensa que todo es fácil, la que se piensa que todo es difícil, la que se piensa que hay cosas más sencillas que otras, la que no se da cuenta de nada, la que está atenta, la que se dispersa, la que pierde el foco de la atención, la espiritual, la radical, la intuitiva, la buena hija, la buena amante, la seductora, la diosa, la ingenua, la inocente, la bruja, la condenada, la que cuenta los likes, la que mira los comentarios, la que hace que no le importa, la ignorante, la que goza, la que quiere meditar, la que medita, la que no medita, la que reza, la que escucha, la interesada, la que tiene expectativas, la responsable, la que espera de los demás, la víctima, la victimaria, la que busca la solución, la que la encuentra, la que no la encuentra, la asfixiada, la presa, la libre, la erudita, la lectora, la actriz, la cantante, la poeta, la enamorada, la sanadora, la chamana, la universitaria, la dolida, la abandonada, la ansiosa, la calmada, la niña, la madre, la novia, la hermana, la salvadora, la desorientada, la acertada, la que conoce el momento exacto, la guiada, la argentina, la ciudadana del mundo, la sudamericana, la defensora de las tradiciones nativas, la iluminada, la santa, la que se pone nerviosa, la angustiada, la loca.

Observo el deseo.






Recuerda que no eres nada de lo que estás viendo



Recuerda

Semillas del Angel de la riqueza


Ángel: Es inevitable que tengamos dudas acerca de nosotros. La duda es sólo una parte más, ni más ni menos importante que las otras partes. No saber es igual de importante que saber, están en la misma escala, ocupan el mismo lugar en el desarrollo de la conciencia, no hay diferencias entre ellos.. La mente humana ha tendido a la ponderación de algunos estados por sobre otros, y allí está el error a ser corregido. Ninguna sensación y ningún sentir es más importante que el otro, ni más relevante. Nada es más o menos que otra cosa, y cuando decimos nada nos referimos a todo.

No hay plan, recuerda que se va armando todo en el recorrido. ¿Qué te hace feliz? Puede ser que sientas que nada te hace feliz, y eso está bien. El dharma tiene que ver con aquello en lo que ponemos nuestra atención.

Barbi: ¿Qué es lo que quiero? ¿Quiero saber qué es lo que quiero?

Ángel: ¿Qué te dice la voz interior?

Barbi: Que puedo hacer todas las cosas que me gustan. ¡Que puedo!

Ángel: ¿Y qué cosas te gustan? ¿Qué cosas disfrutas haciendo? No disfrutar no está mal ni bien, es igual que disfrutar, es algo que acontece y que ya está. ¡Podés disfrutar!¡Podés! Y si no disfrutás, también está bien.
Descubrir todas las patrañas del autocastigo y de la autoinstigación. No es que no exista una verdad, es que la vamos redescubriendo a cada momento. Y tiene que ver con dejar de creernos nuestros pensamientos. La historia está mucho más allá de lo que estamos percibiendo.

Barbi: ¿Hay un camino o alguna señal que nos pueda mostrar con claridad nuestro recorrido?

Ángel: Nos podemos reconectar con nuestra esencia. Y es sólo el camino por donde te eliges explorar. Ninguna respuesta es mejor que la otra, ninguna sensación, o emoción o sentimiento es más o menos valioso, son todas expresiones de la verdad eterna, de lo que fue, es y será. dejar de creer que los demás nos están atacando. nadie nos puede atacar más que nosotros mismos. Yo soy, tú eres, la mente de dios creadora de todo lo que está existiendo. ¿Ves cómo funciona la mente?







Paz en nuestro corazón


La lentitud unida a la paz que nos arrebata

Silencios que se nos develan esperándonos en las noches, mientras les cantamos a un sinfín de materias adeudadas, como reemplazando nuestras vidas por aquellas en donde nos regalamos.

Sincerándonos con nuestra paciencia.

Sucumbiéndonos en los abrazos.

Hoy nos sentimos en nuestra dicha, y en nuestra creación. Transitando nuevas entranzas.

Ay! Quién nos pudiera contar lo que nos perdimos!  Si cada momento es un espacio que nos recuerda la libertad, si cada designio es un aplauso dado por las manos eternas, si cada latido es un retazo de simpleza.

 Ay! Quién nos pudiera contar! Si hoy nos vivimos, y si mañana nos recordamos.





Arte: Manuel Seminario

Pájaros cantando

Pájaros cantando
Un sueño que se convierte en vigilia
Encontrarnos con lo sincero
y volver a recordarnos
Caminarnos con nuestros pies serenos
Abrirnos paso entre la maleza
Mirar hacia el horizonte
Reirnos y recordarnos
Abrigarnos bajo un árbol
Ser uno con nuestra presencia
Divertirnos en lo sencillo
Alegrarnos en la simpleza

Caminos que nos liberan
Uno con Uno con Todos
Tránsitos que desaparecen
Revelaciones en el decir
Lágrimas que sueñan con un mundo más tranquilo

Saber que la Paz es a cada momento
Recorrernos por adentro
Integrarnos en nuestras diferencias
Cocrearnos juntos y unidos

Divina Presencia
Tejedores de los nuevos tiempos
Trajimos todo lo que necesitábamos
Siempre
Somos todo lo que necesitamos Ser

Riqueza Infinita
Nosotros
En Libertad

Así Es.










Poema inspirado en la experiencia "Peregrinación Joven por la Paz"
Centro Mariano del Espíritu Santo
Córdoba, Argentina
Octubre de 2018

Ph: Grupo peregrino en la caminata de subida al cerro "Pajarillo"

Ver en todo lo malo algo bueno


Gracias a todos los seres falsos que nos encontramos, porque nos enseñaron a ser verdaderos.
Gracias a todos los que nos reprimieron, porque nos ayudaron a liberarnos.
Gracias a todos los que nos dejaron de lado, porque nos enseñaron a querernos.
Gracias a todos los que nos faltaron el respeto, porque nos enseñaron a respetarnos.
Gracias a todos los que nos cerraron las puertas, porque nos enseñaron a abrir nuevas.
Gracias a los que nos desagradecieron, porque nos enseñaron a valorarnos.
Gracias a los que nos desalentaron, porque nos enseñaron a encontrar el coraje dentro.
Gracias a los que nos quitaron el abrigo, porque nos enseñaron a encontrar nuestro calor interno.
Gracias a los que se fueron, porque dejaron lugar para lo nuevo.
Gracias a los que nos maltrataron, porque nos enseñaron a defendernos.
Gracias a los que nos quitaron, porque nos enseñaron a dar.
Gracias a los que quisieron opacarnos, porque nos ayudaron a brillar.
Gracias a los que nos reclamaron, porque nos mostraron donde nos faltaba dar.
Gracias a los que nos lastimaron, porque nos enseñaron a cuidarnos a nosotros mismos.


Lo que menos quiero en este momento es usar mi tiempo para hablar con giles.


En estos días me he dado cuenta por qué me desvelo en las noches: es porque tengo pánico de despertarme al día siguiente y tener que hacerle frente a todo lo que va a venir. Y lo que va a venir es la angustia por no saber quién soy ni qué quiero hacer. Me di cuenta de que inconscientemente prefiero desvelarme con películas, pavadas o series para despertarme lo más tarde posible al día siguiente y que entonces el día se haga muy corto y tener que hacerle frente a la “vida” durante menos horas. Es que me da pánico vivir. 

Más de una vez he sentido ganas de desaparecer, y me sigue aconteciendo. Confío en que algún día este sentir desaparecerá, como tantos otros sentires desaparecieron. Algún día se irá el miedo a vivir, o quizás nunca se vaya, pero al menos pueda aprender a observarlo evitando que se adueñe de mis pensamientos y mis actividades.

Horas y días encerrada para darme cuenta de que le tengo miedo al encierro, al encierro que constantemente me invento vaya a saber por qué. Al igual que hace unos años me di cuenta de que buscaba la soledad porque le tenía miedo, hoy me doy cuenta de que busco la oscuridad y el silencio porque también les temo. Temo jamás poder salir y tener que quedarme adentro, mirando mientras los demás disfrutan en lugar de disfrutar con ellos. Desconozco de dónde viene este sentir, mas sí deseo trascenderlo, pues quiero vivir la vida en completud. “Vivir la vida en completud también es vivenciar los miedos” me dice una voz, y es cierto ¿en qué momento me creí que iba a dejar de tener miedo? Es parte de la vida temer, es parte de la vida sentir, es parte de ser humana, ¿por qué huir de nuestra humanidad? 

Hace algunos años también me di cuenta de que el camino a la salvación era el autoconocimiento, la verdadera aceptación de todo lo que tengo adentro, y que mejor me sentiría en tanto más lo siguiera haciendo. Y revolcarse en la mierda da bastante asco, y también da miedo. La parte buena es que después salimos relucientes. El desafío es quizás poder hacerlo con gusto, pero con gusto verdadero, o por lo menos mantener la fe mientras nadamos, sabiendo que nos encontraremos con nuevos aromas luego.





Image: holy shit

Ser quien soy


Ser quien soy
ser quien soy
ser quien soy
ser quien soy
ser quien soy
ser quien soy
ser quien soy
ser
quien
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Reconociéndome

Hace un tiempo tomé conciencia del miedo que sentía al ver mi propio poder. Cerraba los ojos y me veía tan inmensa que me acobardaba. Todas las opciones que se presentaban ante mí, todas las posibilidades de ser y de crear, toda la magia que sentía parecían excesivas, parecían demasiado.

Mucho tiempo pasó desde la primera vez que pude observarme en esta situación hasta hoy, muchas cosas pasaron, y si bien el miedo se desvanecía cada tanto, ahora puedo ver con mayor claridad lo que está aconteciendo, quizás porque decidí dejar de ingerir alimentos y me abrumó todo lo que pasó luego de tomar esa decisión. 

Fue muy muy grande el poder que sentí, y me asusté, me sentí chiquitita de nuevo, y volví a comer, sabiendo que lo hacía para evadirme de algo mayor. Sé que todo es perfecto, y que todo está perfectamente ordenado, aún esta situación me sirve. La existencia misma me sirve a cada momento para que me reconozca, para que sepa quien soy, con todos los poderes y también con todos los miedos que hay en mi interior. 

Pretendo correr la bruma escribiendo, y mientras lo hago me doy cuenta que esa bruma ya se corrió, aunque mi mente aún lo dude y mi cuerpo se inquiete. Los deseos se cumplen en el mismo momento en el que los deseamos, lo único que necesitamos es un cambio de visión. Todo ya está resuelto me dijeron en una oportunidad, y lo creí, y lo sigo creyendo. Es la certeza que nace desde adentro cuando cierro los ojos y tomo una inhalación, los problemas se disuelven, y también los miedos, porque dejan de serlo, dejan de ser aquello que creí que eran para retornar al origen, a su fuente: el amor infinito que todo lo crea y todo lo es.


Hoy voy mirando estos miedos mientras viajo en un tren que está bajo la tierra. Veo cuantas veces dejé de hacer cosas porque me empoderaban, y sin saberlo me  boicoteaba en el encuentro con mi propia felicidad.


Gracias a todo el camino recorrido puedo reconocer ésto y transformarlo con mi propia voluntad,  con la voluntad de ser la mayor expresión de mi poder, de nuestro poder, de nuestros poderes. 


Y sigo comiendo, con la certeza de que estoy haciendo lo correcto y que todos mis deseos se estarán cumpliendo, como ya ha ocurrido antes, y que todo lo que acontece es parte de un camino y un recorrido mayor, que a cada paso sigue creciendo en sentido.

Y que así sea Porque así ya es.

Tu rodilla


Y no puedo más que pensar en el aroma que siento, mientras intento concentrarme en la sensación de mi mejilla sobre tu vello. Pero la llama viene desde otro lugar. Un fuego se agiganta, mientras las palabras intentan desarrollar alguna jugada, digna de ser leída, y a la vez programada. Buscando recetas y recuerdos para describir lo que contemplo, viajando a antiguos tiempos y antiguos espacios, a palabras ajenas, ajenas a mí y a vos, y a este momento. Se me revuelve el corazón, mientras intento ser lo más precisa que puedo, y mientras sigo buscando, aún a sabiendas de que nada encontraré en esos recuerdos, nada que sea como el instante en el que te contemplo, libre de pasados y de esperanzas. Tus rodillas no pueden mentir, así como tampoco miente tu mirada, que me dice lo mismo que estoy viendo, lo mismo con lo que siempre me encuentro: el anhelo por existir en un silencio que se me escapa, y el intento por ser feliz más allá de las circunstancias.

Una realidad respecto de cómo me sentía


Me sentía culpable por quedarme en la cama y no hacer nada, por no tener ganas de salir, ni de moverme. Me sentía culpable por permitirme el descanso, y la pereza. Me sentía culpable por no estar haciendo todas las cosas que se me venían a la mente, y que me hubiera gustado concretar. Me sentía culpable por no salir del letargo. Me sentía culpable por no poder responder a la pregunta de ¿qué estás haciendo?

Me sentía culpable por no poder definirme, por no poder etiquetarme, por no poder encarar mi vida de la manera más “eficiente”.

Me sentía culpable por no estar avanzando hacia el logro de mis metas, hacia el trabajo por cumplir mis sueños.

Me sentía culpable por creer que no me merecía nada de todo lo que tengo, por pensar que no le estaba dando nada al mundo. Me sentía culpable.

Me sentía culpable por no tener más ganas de escribir, y por querer huir de la verdad que tengo adentro, por el miedo infinito de encontrarme, por el miedo a renunciar a todo lo que alguna vez creí que fui. Me sentía culpable por no querer hacerlo, y por querer aferrarme a una imagen creada de mí misma. Me sentía culpable por no querer abandonar mi ego, y por no enfocar mi energía en hacerlo. Me sentía culpable por tantas cosas que ya ni recuerdo.

Me sentía culpable por no ser la hija perfecta, por no poder decirle a mi padre lo que pienso.

Me sentía culpable por no poder compartir lo que escribo, y por no tener ganas de hacer las cosas para las que me comprometí, y por no tener dinero, y por no tener anhelos de evolucionar, por querer quedarme en el mismo lugar.

Me sentía culpable por no utilizar todas las herramientas de crecimiento, y por ver que todo parece una mierda, y sentirlo. Me sentía culpable por estar sintiendo que mi vida era una cagada y no mejorarla.

¿Quién maneja los vagones del tren? La locomotora siempre va para adelante.

Y me sentía culpable por sentirme incapaz de ser yo misma, y me sentía culpable por no serlo, y por pensar que yo misma soy distinta. Querer ser yo parece uno de los dilemas mas grandes que siento, querer ser quien soy, aun sin saberlo, y aun sin quererlo, y aun pensando miles de teorías y tratando de racionalizar el entendimiento. Intentando ser quien soy. Desesperación infinita. Y tomarme las cosas con calma no me interesa por momentos. Y quiero gritar, y salir corriendo sin mover ni un pelo, y saber que siempre está todo adentro, y que no la estoy pasando mal por designio ajeno, y que mi bienestar tampoco depende de lo externo. Y que no tener casa no me hace mejor ni peor persona, y que no tener rumbo definido no es malo ni bueno.

Crónica de un enojo



Me duele la panza, y el corazón. Me duele el corazón que tengo en la panza. Me duele por no saber como remediarlo, y porque no puedo ponerlo en acción.

Ayer me detuve a leer por un instante algunos párrafos de “Libro del desasosiego”, de Fernando Pessoa, unos párrafos nada más, porque no quería contagiarme de su estilo para mi escritura. Me da miedo entrar en una forma o estética que no sean mías, quiero ser original, y por eso tiendo a alejarme de la lectura. Me parece que cuando leo a otros autores pierdo la fidelidad hacia mi misma. Cosa que ningún sentido tiene, pero que aún así llega y se siente como algo que podría llegar a pasar. Entonces me privo de muchas lecturas, por eso y porque me da miedo disfrutar de lo que los otros hacen, y porque si es bueno me siento pequeña y carente de valor. ¿Cómo compararme con Fernando Pessoa? Eso es subirme a unos zapatos con los que seguramente nunca podré caminar, y no sólo por ser Fernando Pessoa, mas también porque ninguno de los escritores o escritoras que pueda llegar a leer son yo. Igual suelo compadecerme de mi misma, pendular entre la total desvalorización y el anhelo proyectado en grandes figuras como la de él, a quien profundamente admiro a pesar de no haber profundizado en su obra, y a pesar de nunca haber leído un libro suyo entero. Quizás sea por el nombre, quizás por el apellido, quizás sea por su imagen, o quizás por lo poco que he leído. Con todo, ir a una librería me anima a escribir, pero también me desanima. Las estanterías llenas de libros quietos que nadie compra. Años de libros quietos y hasta polvorientos. Manos que agarran y ojos que leen cada tanto, y vuelta a la estantería. Me gustaría poder entender lo que siento, además del pavor de seguir infinitamente escribiendo y que mis obras no sean leídas más que por dos o tres hermanos. La expectativa sobre lo que sucederá es lo que me limita. Aunque haya decidido publicar de maneras alternas, siempre subyace alguna clase de miedo o de resistencia, la posibilidad de que a nadie le conmueva lo que expreso. Entonces, la vuelta a la cordura con la pregunta ¿para quién estoy escribiendo? Aparentemente para los demás. Quisiera escribir sin que nada de todo esto me importara.




Ph Fernando Pessoa. Libro del desasosiego

Nimmia

Veo.

    Un recuerdo habitado por dos seres que se abrazan en la distancia, reconociéndose infinitos y prometiéndose la vida eterna. Dos manos que se unen y se entrelazan, abriéndose a un nuevo destino, mas sabiéndose portadores de la semilla de su reencuentro. Somos dos en este camino, y nos estamos reencontrando.

    Anoche me salté un pedazo de cielo, era como la capa caída de un barco que navega sin puerto. Intentando dormir me reflejé en el espejo de tus aguas, y naufragué, porque eras el mar más profundo que nunca había reconocido. Intento soslayar los intentos por tocarte, mas mis manos se alejan por el temor a convencerte. Queríamos encontrarnos más allá del tiempo, y lo hicimos, como ya estaba predestinado. Nuestras almas se conformaron con conocerse, infinitas, se saboreaban en destellos. Hubo una luz que nos seguía, y la muerte nos anunciaba el próximo paso. Cuando quisimos vernos ya no pudimos, porque nos habíamos olvidado. 

     Siglos de desencuentros para finalizar en un instante. La disolución hecha palabra, porque la voz no se había olvidado, estaba allí presente, susurrando en el espacio infinito que nos habitaba. Traíamos todos nuestros recuerdos juntos, y una esperanza verdadera en la humanidad y en todos sus frutos. Queríamos saber de qué se trataba la nueva verdad, y nos encontramos para revivirlo. Ya sabíamos todo lo que teníamos que saber. Los trajes ya estaban diluidos. Nudos cortos se desataron, mientras mirábamos las estrellas que nos habían convocado. Estabas tan vibrante, como siempre. 

     Hubo una vez un delirio que me llevó a creer que ya más nunca te encontraría, pero los destellos me mantenían con fe, porque las manos ya se habían unido, porque los cuerpos ya se conocían, porque los otros ya no tenían sentido. Había nuevos ojos que nos iluminaban, más allá de toda tormenta, más allá de toda sinrazón, más allá de todo lo que vivimos, más allá. Trajimos todo lo que necesitábamos, y mucho más también, porque no podíamos pasar el invierno sin abrigos, no podíamos. El frío era intenso, y las memorias se confundían con los recuerdos, no había más que hacer, ya todo estaba reconocido. Hijos, y madres, y abuelos, y padres, y un sínfin de re-encuentros, ya no había más que hacer, porque ya todo estaba resuelto. Recordamos sinsabores, y lujurias, y recesos, y tristezas, recordamos. ¿A quién le hace falta recordar más que a las almas que lo necesitan? Traíamos infinitas soledades, infinitas, las traíamos, porque no las podíamos dejar ir. Marcábamos un paso firme, un paso desentonado, un paso rebelde, un paso tardío, un paso, o dos, o tres. Marcábamos los pasos, los marcábamos.

     Hermana del amor, y del reencuentro de las almas afines. Hablan como poesía, el arte que expresa verdades del corazón, un sentir profundo, una mirada hecha brisa, un instante convertido en canción. Instantes de creación, infinita gratitud.

     Todos somos lo que siempre fuimos, y estamos aquí haciendo lo que siempre hicimos, nunca cambiamos y más nunca cambiaremos, no importa quiénes seamos ni donde estemos, siempre seremos los mismos, siempre seremos los mismos. Y está bien que así sea. Ya no sé lo que escribo, el corazón dicta y las manos mueven los dedos, mas es que la visión es tan interna que la reproducción se vuelve sorpresiva. Las cadenas de la mente se rompieron, un triángulo me reconectó con el poder eterno de la visión, un simple triángulo me dijo que lo único que debíamos hacer era ser el infinito en un momento, todos somos hermanos, y en cada uno de nosotros nos reconocemos, todos somos hermanos, todos somos, todos somos.

     Mirando a tus ojos puedo ver como se revelan las iniciales del cielo, y me dicen que te veré volver con las manos abiertas y el corazón predispuesto, porque sabías que llegaría, porque sabías que llegarías. Trato de hacerme presente para no perder el silencio que me inspira, más una voz me tranquiliza: "no te dejes vencer por la tristeza o el dolor, el mundo desaparecerá como lo conoces, y vivirán en paz y en riqueza todos los seres que lo habitan, como ya fue en un momento, como ya fue en la Lemuria, en las danzas, en los cantos, en los juegos, como ya fue todo en un comienzo, cuando las trinidades eran únicas, los mantos eran envolventes y las noches nunca eran largas, y los días se llenaban de flores y cantores, manifestando la gracia pura de todo lo existente". Estaban en paz, estaban contentos, miraban con ojos sinceros, miraban. Ya no hay nada que temer, todos los siglos y los milenios se resumen en un suspiro, en uno solo y simple suspiro.

     Historias de amor inspiradas por la Lemuria, preciosas hermanas, diosas de todos los mundos. El agua danzaba mientras ustedes reían, un viaje al encuentro de las primeras lemurianas, las primeras que se enardecían, y calentaban el alma de los que no tenían consuelo. Eran treinta y cinco, treinta y cinco almas dispuestas a reconocerse más allá de todo lo conocido, treinta y cinco que sonrientes caminaban por los ríos, como agua, como fuente, como oro, treinta y cinco.


Buenos Aires, 22 de mayo de 2017. 





Arte: Romina Yurzola

Rayo cósmico de la conciencia


Con el corazón abierto me siento
ya no tengo nada más que ocultar
viajera incansable de los momentos
muestro siempre mi infinita verdad.

¿Qué son las hojas en los inviernos?
¿y los mosquitos en navidad?
¿por qué me pican las axilas,
si  ya siento el aire de la libertad?

Me imagino en los encuentros,
despeinándome bajo el sol.
Insegura identificación
ya no intentas deslumbrarme.
Los momentos de la pausa
y la voz del corazón
nada dicen de la mente.

Y me abro en los recuerdos
del siempre eterno devenir,
una luz hecha momento.

Quién no se reconoce no vive
y quien no vive nunca muere.

Bendita agua de vitalidad
traemos todo lo que necesitamos
¿qué es lo que tanto nos preocupa?

Queríamos ser únicos y ya lo somos
ya nos podemos divertir.

Somos los que siempre fuimos
los que siempre estamos
los que siempre seremos.





Flores en la raíz


Ser un paisaje de flores agonizantes
latiendo en un suspiro
conteniendo las risas y los llantos.

Liberarnos de las molestias
y mirar hacia el pasado con ojos divagantes
esperando recordar nuestros tallos
nuestros interminables tallos
mientras amanecemos.

Cómo saber hacia dónde va el destino
si la vida se crea en cada respiro
si los cuentos nos amigan en las noches solitarias.

Imagino nuestra vida
y me río de pensar
porque la dicha de saberte me ilumina.

Nunca fui más feliz
y nunca fui más humana.

Agradezco las poesías
y los bosques
y los lamentos sin estrellas
todas las oscuridades,
y también tus ojos
que señalan el infinito
y me enseñan a vivir
en un mundo hecho canción.




¿Quién se ha llevado mi fe?


¿Quién se ha llevado mi fe?
La dejaste atrapada en el ropero,
por no querer cantar en las madrugadas,
y te arrepentiste,
pero ya no la encontrabas,
porque las corbatas estaban enredadas,
y no te dejaban ver.

Jugando a ser el rey
de un cuento de mágicas hadas,
corregiste los lamentos,
en las noches
muchas.

Hoy me inclino
sin arrepentimientos
y con fe.

Salgamos a jugar al recreo.

Palabras que no pretenden explicar
Sino que brotan
Como agua
De manantial
O de cascada
Agua
nada menos
y nada mas




Imagen: Green Tara




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